Convivencia Espejo 2016

Como viene siendo habitual en los últimos años, la Escuela Atlética de Erandio ha realizado la tradicional convivencia en el alberge de Espejo (Araba), la cual se desarrolló entre los días 3 y 5 de Junio. Un fin de semana completo, en un entorno espectacular, donde las actividades no cesaron y los/as participantes se lo pasaron en grande.

Dentro del recinto contábamos con una cancha de fútbol, una de baloncesto con canastas grandes y dos con medianas, una mesa de pin-pon, una sala de juegos y tv y, justo al lado del recinto teníamos el rio Omecillo.

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El primer día, el viernes, nos instalamos en las habitaciones y cenamos pero, la cosa no se quedó ahí. Tras la cena y con el sol cayendo nadie se resistió a probar las instalaciones y, mientras unos jugaban a baloncesto, otros jugaban al fútbol y los que no a los tradicionales juegos de pilla-pilla o cadeneta. La luz iba cayendo pero nadie quería dejar de jugar, finalmente y con una sonrisa en la cara de cada uno/a de los/as chavales/as fuimos a las habitaciones a darnos una merecida ducha tras una tarde de diversión. La emoción de estar fuera de casa a más de uno le hacía no tener sueño, la sangre le pedía marcha y la diversión continuaba en las habitaciones de forma prudente. Poco a poco nos fue venciendo el sueño y caímos redondos en las camas.

El sábado amanecía soleado y ya que pertenecemos a una escuela de atletismo que mejor forma de empezar el día que con un entrenamiento. A las 7 de la mañana ya estábamos casi todos en pie, salvo algún/a dormilón/a. Comenzamos con nuestro habitual calentamiento, un poco de carrera y un poco de movilidad articular para ir desengrasando el cuerpo. En esta ocasión tampoco podía faltar un juego, que fue el de cadeneta donde mayores y pequeños disfrutamos unos de otros y todos nos lo pasamos genial. Por fin nos abrieron la puerta y pudimos salir al exterior a realizar un poco de carrera continua en un entorno precioso, rodeados de campo y de pajarillos cantando. De nuevo, dentro del recinto realizamos unos estiramientos y nos dimos una ducha para terminar de despertarnos y quitarnos las legañas.

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Llegó la hora del desayuno, tras abrir apetito con elentrenamiento no comíamos, devorábamos. El ejercicio mañanero había sentado bien, los/as chavales/as tenían mucho hambre y dieron cuenta de ello. Tras recoger cada uno su desayuno y de haber limpiado las mesas un poco de tiempo libre para poder jugar a lo que se quisiese.

A las 10:30 comenzaba el torneo preparado por uno de los monitores. Realizamos 8 equipos, algunos formados por 5 otros por 4. Todos mezclados para una mayor interacción entre generaciones. Una serie de juegos, mazorcas, traineras, relevos, partidos de fútbol y baloncesto. Había piques entre los equipos, pero piques deportivos, donde lo único que se buscaba era pasarlo bien como así fue. Tras dos horas de torneo, decidimos descansar, más de uno estaba reventado y era necesario el descanso. Algunos/as continuaron jugando por libre y es que a alguno/a tienen pila para rato.

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Después de comer comenzamos el torneo individual que consistía en lanzar dos tiros libres, dos penaltis y tratar de dar a algún palo de la portería. El portero de los penaltis se llevó algún que otro pelotazo, más de uno intencionado todo hay que decirlo. El pique entre compañeros estaba servido, tanto en los penaltis como en los tiros libres. Tras esta serie de juegos los más mayores disputaron su partido de “Champions” como lo llamaban, al final resultó ser un partido nefasto pero la diversión estuvo garantizada.

A media tarde fuimos al rio, el agua estaba bastante fría pero muchos demostraron que son de Bilbao y ni cortos ni perezosos iban al agua. Una gozada el rio, no había ningún peligro, estábamos prácticamente solos. Entraban, salía, corrían, saltaban, lanzaban piedras para que fueran saltando por encima del agua, intentaban coger peces… La tarde dio para mucho.

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Volvimos al recinto y allí nos esperaba la maravillosa merienda, bocata de nocilla. Había que reponer fuerzas, el día estaba siendo largo e intenso. Pronto desaparecieron y tan solo quedaban los envoltorios. Y tras la merienda, nos fuimos a dar un paseo hasta el pueblo donde el club nos invitó a todos a unas chuches o refrescos o helados o lo que se quisiese. Nos quedamos en un parque para que los/as chavales/as disfrutasen tanto de lo comprado como del parque. Una hora después volvimos al albergue y… partidos de fútbol por un lado, partidos de baloncesto por otro, pin-pon, e incluso algunos ya algo cansados estuvieron jugando a juegos de mesa.

La cena era pronto, pero no importaba, había hambre, se cenó en un visto y no visto. Recogimos el comedor y de nuevo a la calle a seguir jugando. No importaba que se fuera haciendo de noche poco a poco, nadie quería dejar de jugar. Por suerte había focos que continuaban iluminando el campo de baloncesto; en el campo de fútbol no hay luz artificial. Llegó la hora de la retirada. Más cansados que la noche anterior pero el cuerpo les seguía pidiendo marcha, solo se oían risas en los pasillos y habitaciones hasta que, de pronto, silencio, todos/as estábamos tan cansados que nos quedamos secos.

El domingo el despertador biológico de los monitores sonó a las 8 de la mañana, aunque a algunas les sonó antes pues intentaban pintar a la gente y con algunos lo consiguieron y es que ¿quién no se ha ido de convivencia y ha intentado pintar la cara a algún compañero/a cuando dormía? Nos despertamos e hicimos las mochilas, fuimos a desayunar y después vaciamos las habitaciones. En esta ocasión las caras eran más largas, tanto por el cansancio como por la tristeza de saber que eran las últimas horas de un gran fin de semana. Se seguían sucediendo los partidos aunque cada vez el número de gente era menor, el cansancio se notaba. Tras la comida, el calor era insoportable y teníamos a los mayores tumbados en la hierba buscando sombra y los pequeños en la sala de juegos viendo un poco la televisión. El día que más calor hizo con diferencia fue este, después de comer, entre las 14 y las 16 no había quién estuviera al sol. Pero, a eso de las 16:00 decidimos que para refrescarnos los mejor era ir al rio y así lo hicimos, la mayoría fuimos al rio y otros se quedaron jugando en el recinto del albergue. Daba igual lo fría que estuviera, hacía mucho calor y era necesario refrescarse como fuera. Tras 45 minutos a remojo, era hora de volver al albergue a cambiarse, el autobús llegaría en cualquier momento, llegaba la hora de abandonar el albergue y dejar atrás un maravilloso y gran fin de semana en compañía de compañeros y compañeras de equipo.

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