Un año más hemos celebrado nuestra tradicional convivencia en el albergue de Espejo (Araba). En esta ocasión la meteorología no acompaño del todo pero, a pesar de las previsiones, pudimos disfrutar de la estancia y realizar varias actividades.

El viaje de apenas una hora fue a meno, en el autobús las/os participantes se entretenían, en un primer momento, cantando, posteriormente el chófer nos puso una película, a la cual los más pequeños no dejaban de mirar. Las/os más mayores se entretenían contando anécdotas del colegio, entrenamientos y carreras.

A medida que nos acercábamos a nuestro destino el cielo estaba cada vez más oscuro, aparecía la nieva, esto nos recordó a la película de 8 apellidos vascos, cuando sale el autobús del túnel y pone en un cartel Euskadi y hay tormenta. Llegamos a Espejo, llovía bastante, pero la ilusión por llegar estaba intacta, nadie dudo en bajar a pesar de la lluvia, cogieron sus equipajes y se dirigieron a la sala de reunión. En mencionada sala se procedió al reparto de habitaciones y posteriormente nos instalamos en ellas. Las caras de los más pequeños lo decían todo, que felicidad, un fin de semana solas/os con las/os amigos.

Dejó de llover, cenamos tranquilamente y tras ella, a la calle, unos jugaban a baloncesto, otros, la mayoría a fútbol a pesar de estar mojado el terreno, otros se divertían con el pin-pon. Nadie quedaba indiferente. La noche iba cayendo poco a poco, no llovía, hacia buena temperatura. Las/os más pequeñas/os comenzaban a tener sueño, comenzaban a retirarse, las/os más mayores continuaban con su partido a pesar de no verse prácticamente nada.

Una vez en las habitaciones la emoción por estar lejos de casa afloraba, a pesar de estar cansadas/os, nadie quería irse a dormir, querían hacer gaupasa. Convencidas/os por las/os monitoras/es cada una/o se fue a su habitación. Algunas/os continuaron sin dormir en sus habitaciones pero poco a poco el sueño se fue apoderando de ellas/os y finalmente, silencio.

A la mañana siguiente, a eso de las 7:30, se comenzaba a despertar al personal, estaba lloviendo pero no importaba, era hora de salir a realizar el tradicional entrenamiento del primer día. A las 7:45 ya no llovía, concentración en el campo de baloncesto, emplazamiento para comenzar a calentar y posteriormente salir a correr un rato por las inmediaciones del albergue. Una vez terminado el mini-entrenamiento, la ducha sentó muy bien a todas/os y el desayuno… parecía que se llevara mucho tiempo sin comer, el entrenamiento despertó el apetito de la mayoría.

Era sábado, a la noche había final de champions y muchos no dejaban de hablar y preguntar por si la podían ver. Los infantiles incitados por un monitor prepararon un partido de “champions” que, se jugaría por la tarde. Esa mañana se realizó un mini-torneo de baloncesto y de fútbol. En cada equipo había un representante de cada categoría, de esta forma jugaban todos con todos y se producía una interacción en cadena. Hubo piques, como siempre que se juega a algo, nadie quería perder, todos querían ganar, pero siempre con la sonrisa en la boca. Tras el torneo, fuimos al río, a pesar de estar fría el agua, la mayoría se bañaron. Saltaban sin temor al frío, se lo pasaban en grande. Mientras, los que no se bañaban jugaban a lanzar piedras al río, a ver quién conseguía que botara más y llegaba más lejos.

Después de la ducha llegaba la hora de comer, muy rica la comida como de costumbre. Y, como siempre, la batalla con algunas/os que no comen bien, había que comer, el desgaste energético era grande y había que reponer fuerzas.

Se acercaba el partido de “champions”, había gran expectación entre todas/os. Había un charco en el centro del campo, así como en cada una de las porterías pero, esto no impedía el juego. Uno de los monitores jugó con ellos y termino embarrado tras una culada en uno de los charcos, las risas fueron generalizadas, el partido épico, luchado y entretenido. Mientras unos jugaban a fútbol otros jugaban al pin-pon, donde se libraba una gran batalla entre unos alevines, que dominio de la pala. Unos pocos jugaban a baloncesto.

Tras esta serie de juegos, fuimos al pueblo, compramos unas “chuches” y dimos un paseo corto por el pueblo debido a que comenzó a llover.

Durante la cena, algunas/os estaban pendientes del reloj, eran las 20:30 y la final de la champions comenzaba a las 20:45, se perderían unos 15 minutos del partido. Más de una/o cenó a la carrera y rápidamente fueron a la salada de la TV a ver el partido. La gran mayoría se concentró para verlo, la mayoría quería que ganará la Juventus pero no fue así. Tras la final, a pesar de ser más de las 11, en las habitaciones había ganas de jugar aunque el cansancio acumulado les venció pronto.

Ya era domingo, último día de convivencia, amanecía oscuro y lluvioso. Lluvia que nos acompañó prácticamente toda la mañana y tarde, salvo en contadas ocasiones donde nos daba alguna tregua y podíamos salir a jugar. En una de esas treguas fuimos al río, querían darse el último chapuzón, y así fue. Salvo el rato que se estuvo en el río, y un rato jugado a pin-pon, fútbol o baloncesto, estuvimos jugando a juegos de mesa por la lluvia.

Hicimos las maletas, abandonamos las habitaciones, a las 17:00 llegó el autobús que nos llevaría a casa. Las caras eran de cansancio, de pena y alegría al mismo tiempo, pena porque se acababa un gran fin de semana y alegría por lo bien que se lo habían pasado. A más de una/o se oía decir que quería repetir e incluso que se quedaría toda la semana. Durante el viaje de vuelta la mayoría se durmieron. Al llegar cada uno a su punto de recogida se bajaba, recogía sus cosas y se despedía del grupo.

A pesar del mal tiempo, supimos aprovechar el tiempo, nos lo pasamos bien y disfrutamos realizando actividades de todo tipo. No importa que llueva, lo que se proponga se puede hacer. Un corto pero intenso fin de semana en Espejo.

 

 

 

 

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